El Local numero 14

La cortina se abrió y para sorpresa de la joven, el artista que trabajaba en ese local numerado con el 14, era el que le parecía singular, el apodo con el que lo había bautizado se debía a que por lo regular lo veía pasar camino a los sanitarios ubicados al otro lado del edificio su apariencia le ganó el sobrenombre; serio y callado la mayor parte del tiempo.

El estaba allí de pié, su complexión física era delgada, su vestimenta sencilla como siempre se caracterizó, el tono de su piel pálido le pareció a ella que le hacía falta disfrutar mas del sol, con su vestimenta deslucida y rostro serio le habló; - ha , eres tú - ¿que quieres?
quiero pedirle permiso para ver lo que pinta -respondió la joven Lilia-
pero si allá hay mas -señaló Desiderio, refiriéndose a los demás locales de los compañeros artistas-
-Es que vengo de allá y ya los vi a todos me falta ver que pinta aquí-
tal vez la interrupción de su labor pictórica propició esa respuesta parca, tal vez él sabia el sobrenombre que ella le había puesto, tal vez su caracter había sido siempre asi, sin embargo carente de expresion le dijo;
-Esta bien, pero con tres condiciones; No entres, no hables y no toques nada.-

las condiciones impuestas no le importaron a ella. se quedó de pie en la puerta del local observando el cúmulo de cosas que permanecían dentro, muebles, marcos de madera, un Cristo en su cruz de apariencia añeja pero notablemente conservado, efigies decorativas, piezas elaboradas en latón, rollos atados de pergamino, pliegos de papel bocetados, pinturas en proceso, obras que a primera vista le parecieron extrañas, sombrías, algunas sin razón de ser, con sus ojos llenos de extrañeza escrutaba cada rincón, cada espacio, cada obra, sin embargo una de ellas le provocó inmensa tristeza, colgado en uno de los muros; una obra cuya escena en un fondo oscurecido mostraba en primer plano la vista parcial de un ataúd y al fondo entre las sombras como si hubiese sido sumergido en ellas permanecia sentado sobre un escalón un niño pequeño llorando, un niño cuya edad no rozaba los diez, la escena fue algo que le inundó de interrogantes en ese momento; ¿por que pintar un niño al que se le murió la madre? ¿por que pintar eso que es tan triste? ¿por que esta solo? muchas preguntas mas le inundaron los pensamientos, el tiempo pareció detenerse. pero la realidad volvió: se inclinó, en silencio alcanzó el bote del petróleo y abandonó la entrada del local numero catorce.

Nuevamente, escaseó el petroleo y Doña Elodia, madre de la joven Lilia le encomendó la tarea, ella acudió y su recorrido ya estaba planeado, pasar de uno en uno esos locales y ver las obras. aprendía de eso o por lo menos se distraía de las labores en casa, en un local un artista pintaba flores, otro plasmaba un retrato, o bodegones etc. eso no importó.
Ahora el local 14 tenia la cortina corrida, ya podía ver sin pedir permiso. dentro del local Desiderio, inmerso en un lienzo trabajaba, pero sin aparentar se daba cuenta que la joven había llegado y estaba viendo su trabajo. ella respetaba las normas, en silencio y sin preguntas.

Esta vez sus ojos se toparon con obras recientes pero nuevamente sombrías a su parecer, los otros pintaban cosas bonitas, cosas conocidas, pero él no hacía eso, él era extraño. otra obra reciente mostraba una piramide y sobre ella algo que la joven entendió era un sol, pero a la par había una luna ¿pero por que los dos juntos? mas interrogantes surgían y las respuestas escapaban a su entendimiento. en otra obra pudo ver un arbol en la obscuridad de cuyas ramas dramaticamente entrelazadas colgaban hombres ahorcados de vestimentas desgarradas cuyos rostros eran dificiles de distinguir. y otra obra más, en este caso le impactó que dentro de una luna pudo distinguir la imagen de un conejo como si estuviera recostado, ella no podía preguntar, pero se las arregló para despejar la duda de por qué el conejo en la Luna.