Mi Padre

Hablar de mi padre es tarea compleja, los recientes acontecimientos aun hoy en día se juntan dentro de mis memorias. sin embargo, de toda la vida que compartimos en familia recuerdo su entusiasmo por el conocimiento y el estudio, en mi memoria tengo muchos detalles que con él pude compartir. Recuerdo la caricia característica que compartía con todos nosotros, sus hijos. Pasaba al lado mió y colocaba su mano sobre mi cabeza y con sus dedos rascaba levemente mi cabeza, a veces era algo agradable pero otras no ya que debido a sus uñas sentía una incomodidad marcada.

Con el tiempo eso dejo de importarme, en una ocasión le pregunté por que tenia sus uñas largas en especial la uña del dedo meñique, y me respondió que así le servía mas, después pude descubrir el por qué; la uña le servía para pintar ya que al colocar el pincel en la mano extendía el dedo meñique y con esa uña tocaba el muro o el lienzo, era una especie de “tiento” que le daba la medida exacta en distancia de lo que pintaría, ese detalle muy especial en él fue uno de los primeros que pude entender de niño.

Conforme fui creciendo entendía más y más cosas que hoy en día pongo en práctica. Son cosas funcionales, mi padre se sentaba frente a su caballete, una vez que se limpiaba las manos, tomaba sus carboncillos y comenzaba a elaborar trazos con el brazo extendido y a esa distancia el lienzo en blanco comenzaba a tener una forma que al desarrollarlo terminaba en un bosquejo de la obra que realizaría ya fuera al óleo o al acrílico, me llamaba la atención la enorme facilidad con la que realizaba esos trazos, su dominio estético me sorprendía. Y así fue como fui quedando enganchado al lado de él al grado de que yo sacaba una silla pequeña y me sentaba a mirar como trabajaba, eso si sin hablar ya que mis preguntas lo separaban de su concentración, me costaba mucho trabajo quedarme callado ya que al ver tantas líneas no podía encontrarle forma a muchas de las cosas que realizaba. Cuando terminaba sus trazos a veces me decía: ¿ya vez como quedó? Yo como no sabia mucho de pintura tenia que responderle con una sonrisa y asentía con la cabeza.

Considero que fui aprendiéndole muchas cosas con solo mirarlo, con solo observar el arte de trazar una obra, ya que una obra terminada lleva mucho detrás, normalmente es eso lo que todos podemos apreciar un cuadro terminado. Pero al tener el privilegio de ver el inicio transito y final de una obra eso era lo que me mantenía con los ojos bien abiertos.

Él se daba cuenta que me mantenía a la expectativa y en mas de una ocasión cambió el diseño de lo trazado a lo que realizaba, “pero si ya lo habías trazado así, ¿Por qué lo cambias?” Le reclamaba, “es que así me gusta mas” respondía con una sonrisa y continuaba inmerso en sus lienzos.

Otra cosa curiosa por denominarla de esta manera era su respiración, me fui dando cuenta por que en proceso creativo su respiración era casi imperceptible. Pero cuando algo no le agradaba comenzaba un ligero: mmmmm entonces me daba cuenta: eso no le gusto. Y de la otra manera cuando algo quedaba de acuerdo a su gusto entonces empezaba inhalación y una especie de arrullo, un “shh shh shhhh” entrecortado, seguido de una exhalación, esos indicativos fueron dándome la pauta para saber también en que momento podía preguntarle alguna cosa.

Todos nosotros atesoramos recuerdos de nuestros padres, en mi caso había muchas cosas que traté de compartir con el, sin embargo su dedicación al estudio, su vida inmerso en las obras y en sus pinturas, lo mantuvo al margen de una etapa de mi vida. Conforme fui interesándome en el dibujo comencé a compartir con él ideas, temas y hasta largas conversaciones mientras él pintaba sus obras de caballete en casa.

Mis primeros dibujos se los mostraba y me corregía los trazos o me daba ideas nuevas, a veces me decía que estaba todo mal. Mi naturaleza siempre fue tenaz y entre más me decía que mis dibujos estaban mal mas me empecinaba en hacerlos nuevamente.

Un día entendí algo sin saberlo, el dibujo que realice me gustaba mucho, y decidí mostrárselo lo vio y me dijo estas mal aquí, aquí y aquí. Naturalmente me desmotivo mucho y salí de su estudio, pero regrese mis pasos y le respondí; “si Papá, pero a mi si me gusta como me quedó” me respondió: “eso es lo que quería escuchar de ti, cuando pintes hazlo con tu convicción, siente lo que haces, tu mismo debes comprometerte con tu obra por que si tu no lo haces, los demás la criticarán. Siempre habrá alguien que le vea algo erróneo” sinceramente me quede con la boca abierta él tenía razón, él lo había hecho toda su vida, nunca lo vi preguntarle a nadie si su obra estaba bien o no, pincelada que daba era acertada, la colocaba ahí por que ahí debía estar.

Mi padre no era un hombre que te dijera; ven te daré un consejo. Casi siempre aprendíamos con el ejemplo que nos daba, muchas veces me enfrenté a él cuando tuve el privilegio de hacer el mural de Tehuacán en puebla, aprendí a pintar el fresco de manera directa sin clases con la practica, horas enteras en una sola posición pintando un fragmento y al finalizarlo le decía orgulloso; “ ya esta, terminé” entonces me mandaba a quitarlo y empezar de nuevo, una y otra vez, hasta que la obra se viera viva, hasta que reflejara carácter; “hacer un mural no es cosa fácil debe quedar bien, debe ser correcto con cada pincelada estas dejando ahí tu vida, tu capacidad si eres bueno, tu mural quedará aquí, y nadie lo quitará.

Me sentía abrumado de pasar de lunes a viernes sentado haciendo una misma obra para repetirla hasta que manifestara verdadero carácter.

Un fin de semana caminé y entre al palacio de gobierno de Tlaxcala, y nunca mas volví a ver los murales de mi padre con la sencillez ni el desenfado con el que los mira cualquier persona... en Tehuacán, pase mucho frió, mis manos se entumían al contacto con el mural, me dolían la espalda y las rodillas por el tiempo de trabajo y día tras día regresábamos a la misma obra, a pintar con pinceles diminutos dejando tras de si pequeños fragmentos que cual rompecabezas armaron una obra que al verla completa me sorprendió haber podido hacerla junto a él.

Nos llevó un año y nueve meses, la travesía de los Murales al fresco en Tehuacán, aún con mi cuerpo mas joven que el resentí la obra tan hermosamente elaborada.

Mi padre pintó los murales del palacio de gobierno su vida entera, no hubo ayudantes lo hizo él solo. Y sé que pasaba frió, algunas veces le llevaba sus guantes a los que él les había cortado los dedos, para así no perder sensibilidad al pintar. A veces llamaba pidiendo un suéter extra o se metía dentro de la espalda un papel de estraza para mantenerse caliente, pero del dolor físico, el dolor corporal nunca lo sabré por que nunca lo escuche quejarse, siempre bajaba del andamio y su semblante lo delataba, estaba cansado.

Así pues me subía al andamio y cortaba lo que me indicaba, limpiaba sus pinceles, guardaba sus colores y acomodaba todo; con un pincel y pintura roja pintaba un espacio nuevo, otro fragmento y le colocaba la palabra “AQUÍ” dejaba limpias sus cubetas mientras él se colocaba su chamarra de mezclilla su bufanda y su cotón con las iniciales D H X. de reojo lo veía alejarse a para ver lo que había pintado y con esos ojos brillantes como los de un niño, contemplaba su obra y sonreía satisfecho; las frases que le escuchaba siempre al final de la jornada eran;


“Quedó muy bien, el mural”
“Hijo acomoda todo, apaga las luces, vámonos a casa..."


Caminé con él muchas veces.
Le platiqué de muchas cosas.
Me contagió de arte el espíritu.

Y lo extrañaré toda mi vida…

CUAHUTLATOHUAC H. XOCHITIOTZIN ORTEGA

3 comentarios:

Dr. Ricardo Perez dijo...

Te felicito, EXCELENTISIMA narracion de tu vida....enhorabuena

pRinCes@rtigas dijo...

Honor y gloria para este gran pintor, es importantísimo dar a conocer a los que han dejado una celebre huella en la Historia de México...

Saludos

Adolfo Luna dijo...

Cuahutlatohuac (el que al hablar se elevacomo un ave)felicidades una narracion preciosa saludos.