Hasta siempre: Desiderio Hernández Xochitiotzin (1922 - 2007)

Desiderio Hernández Xochitiotzin acaba de morir en tlaxcala, habia nacido en contla, en ese estado en 1922, pero desde su llegada a puebla hasta su regreso a Tlaxcala y, por supuesto hasta su fallecimiento, Desiderio fue como su Maestro José Martín Arrieta, por vocación, desición y acción, poblano tlaxcalteca, aqui vivió parte de su adolescencia, muy chamaco ingresó a la academia de Bellas Artes, en las clases nocturnas, artesano en el taller de su padre, pronto su enorme estabilidad, su facilidad para el dibujo, encontró el oficio que luego dominó junto con su enorme esfuerzo personal, lector ávido, hasta consagrarse en el ramo plástico, pero también un humanista completo, había que oír a "Desi" así le llamábamos con cariño siempre hablar y explicar la tecnología de Tonanzintla o de la Capilla del Rosario o de Ocotlán, todos poblanos y de su estado, tan cercanos a su espíritu.

Una serie interminable de sus Malinchis, sus bodegones, sus ofrendas, sus carnavales, el de Contla y el de Huejotzingo, lo recuerdo allí con Diego, sus cuadros religiosos, fue un profundo creyente, su religión confesada que nutrió, parte de su obra en iglesias y vitrales, seminarios, como palacios municipales y sus escenas populares incontables, su respeto por José Clemente Orozco, sus cuadros indígenas, el valor de lo prehispánico que era parte de su ser, y su obra cumbre, La Historia de Tlaxcala, en los muros y escaleras del Palacio de Gobierno, fruto de un estudio y qué manera de explicarla y cuantas veces tuvimos el privilegio de escucharla, ilustrador de libros y revistas, nahuatlato, creador de siempre, la aportación de la Indonimia del Estado de Puebla del maestro franco fue excepcional; promotor cultural, fundador de instituciones plásticas.

Hombre sencillo, profundamente humano, de conversación penetrante, de modestia sobrecogedora, como la de los seres valiosos , tuve el enorme privilegio de su amistad, de su palabra, de su compañía en muchos momentos compartidos aquí y en Tlaxcala, siempre me pareció y lo grité y lo seguiré haciendo, la ingratitud y la envidia de algunos que lo hicieron dejar Puebla físicamente, nunca después la tuvo mas presente, fue injusta Puebla con "Desi", por eso le organicé cuanto pude; exposiciones y reconocimientos merecidísimos, Nos fraternizó Arrieta con toda fuerza en el tiempo.

Seguí su enfermedad, pensaba con sus hijos, que saldría adelante, hablé alguna vez con "Desi", si extrañaba su voz, pero no su talante amistoso. Tengo tanto que decir de Desiderio, pero me ahogó la noticia de su partida no por esperada menos brutal.

Dejo mi ofrenda de respeto, cariño y admiración, por un gran artista, por el hombre entrañable, por el mexicano ejemplar que eso y mas fue, en sus ochenta años Desiderio Hernández Xochitiotzin; un abraso a Lilia su esposa y ejemplar compañera, a sus hijos todos, a la comunidad cultural de Tlaxcala, de Puebla, de México por su ausencia física, pero tenemos afortunadamente, para siempre, su intemporal mensaje pictórico.

Que descanses en paz en tu mundo sincrético, querido, inolvidable Desiderio, la flor de cempoaxochiles, que tanto cantaste, la coloco respetuosa, cariñosa y fraternalmente en tu tumba recién abierta, Hasta siempre "Desi"...

Dr. Pedro Angel Palou


Al Muralista amigo

Al Muralista amigo
al cronista y pintor
al Maestro Desiderio
con cariño: al historiador

con su magia en las manos
siempre inspirado fue
un hombre tan sencillo
y gran maestro, un artista "es"

Desiderio el cronista
un gran artista fue
pintor y muralista
gran Xochitiotzin te extrañaré

Tlaxcala ya te extraña
pero tu "vivirás"
en palacio de gobierno
en tu obra plástica tu hablarás

muralista de Tlaxcala
poeta del pintar
orgullo por tu tierra
por tus raíces renacerás

-Hablado-

desde 1957 empezaste el gran mural
y hasta 2007 ¡tu dejaste de pintar!
1984 Cronista de la ciudad
1995 "Nace el siglo de las luces"
tu obra plástica en mural

Desiderio Xochitiotzin
a Topiltzin y a Cuahutlatohuac
a Netzahualcoyotl y a Xicohtencatl
a Xochitl y Citlalli
Tecayehuatzin y Motenehuatzin
a José Guadalupe y a Zicuetzin

Frutos de la tierra del maíz
Raíz del gran Maestro de Tlacatecpac
Desiderio Xochitiotzin
¡Tlaxcala nunca te olvidará!

Desiderio, tú siempre vivirás
en los grandes murales
Tú nunca morirás.


Música y Letra:
Terésa González Cuamatzi
Arreglos: J. Carlos Galindo.


Mis palabras se quedan cortas al leer esta muestra de cariño a mi señor padre, solo les puedo agradecer como él acostumbraba, con esa frase tan simple y sencilla como él se caracterizó toda su vida; Gracias, gracias mil...

Casa de Cultura Chiautempan

Dentro de las exposiciones retrospectivas que se llevaron a cabo en varios centros culturales de Tlaxcala, se destacó la Muestra retrospectiva de Santa Ana Chiautempan, por el cariño con el que le realizaron la inauguración de la exposición al Maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin. fue algo que nos alegró los corazones, aprovecho para agradecerles esos detalles tan hermosos a nuestro señor padre.
Mi Madre y mis hermanos describieron con detalle los acontecimientos tan especiales y agradecen el cariño mostrado por los integrantes del Centro Cultural, pude acudir allí hace poco y tomé una imagen de otro inmenso detalle que me parece oportuno mostrarles; un mural creado por alumnos y Maestros del Taller de dibujo y pintura;
Maestra Emilia Flóres Flóres.
Maestro José Carlos Galindo Pérez
Alumnos:
Mari Cruz Gutierrez Tlamani
Rosa Isela Benitez Olivares
Ma. del Rocío Lima Saldaña
Ivan Hernández Lima

Gracias por cada pincelada, por cada trazo, por cada instante en el que al realizar esto recordaron al Maestro, estoy seguro que él presenció esta obra realizada por ustedes con gran alegría.

Por mi parte humildemente les agradezco esta gran muestra de cariño...

La compañera de toda la vida

Cierto día de la semana llovía por la tarde, él ya instalado en el Barrio del Artista, decide destapar las canales de la techumbre y sube a realizar el trabajo. en cuclillas, inmerso en su tarea se percata de una jovencita que disfruta de empaparse en los chorros de agua que despiden las canales. descalza ella, con sus zapatos atados al hombro y cuidadosamente dentro de una bolsita para no mojarlos, disfruta del agua de lluvia simple y alegre pasatiempo, recién salida de la escuela primaria; José María "La tipo" que estaba ubicada cerca del cerro de Loreto y Guadalupe.

"Niña - le dice - te vas a enfermar de estarte mojando con agua de las canales", la sorpresa que ella siente es tal que al darse cuenta de quién le llamó la atención reacciona de acuerdo al carácter de una jovencita de once años. el encuentro no fue grato y la respuesta tampoco. El Barrio del Artista había nacido dentro de un sitio que desplazó varias familias avecindadas en el, esa era razón suficiente para que existiera cierto recelo ante los artistas recién llegados.

En repetidas ocasiónes la Madre de la jovencita la mandaba por petróleo para las tareas de la cocina a un local que se hallaba en el rumbo del Barrio del Artista, y la joven de regreso pasaba y se asomaba de puerta en puerta, con mirada curiosa quería ver que hacían en esos lugares los artistas recién llegados, pudo observar a varios de ellos en pleno proceso creativo, sin embargo uno de los locales permanecía oculto a su vista, una cortina de manta de cielo semitransparente no dejaba que ella contemplara el interior del taller del pintor al que ella le habia apodado: "el seminarista", unos plomos servían de contrapeso para que el viento no moviera la cortina de su sitio, en ocasiones no habia problema ella pasaba de largo, sin embargo la naturaleza del ser humano es curiosa, entonces un dia. Lilia decidió tocar la puerta...


El Local numero 14

La cortina se abrió y para sorpresa de la joven, el artista que trabajaba en ese local numerado con el 14, era el que le parecía singular, el apodo con el que lo había bautizado se debía a que por lo regular lo veía pasar camino a los sanitarios ubicados al otro lado del edificio su apariencia le ganó el sobrenombre; serio y callado la mayor parte del tiempo.

El estaba allí de pié, su complexión física era delgada, su vestimenta sencilla como siempre se caracterizó, el tono de su piel pálido le pareció a ella que le hacía falta disfrutar mas del sol, con su vestimenta deslucida y rostro serio le habló; - ha , eres tú - ¿que quieres?
quiero pedirle permiso para ver lo que pinta -respondió la joven Lilia-
pero si allá hay mas -señaló Desiderio, refiriéndose a los demás locales de los compañeros artistas-
-Es que vengo de allá y ya los vi a todos me falta ver que pinta aquí-
tal vez la interrupción de su labor pictórica propició esa respuesta parca, tal vez él sabia el sobrenombre que ella le había puesto, tal vez su caracter había sido siempre asi, sin embargo carente de expresion le dijo;
-Esta bien, pero con tres condiciones; No entres, no hables y no toques nada.-

las condiciones impuestas no le importaron a ella. se quedó de pie en la puerta del local observando el cúmulo de cosas que permanecían dentro, muebles, marcos de madera, un Cristo en su cruz de apariencia añeja pero notablemente conservado, efigies decorativas, piezas elaboradas en latón, rollos atados de pergamino, pliegos de papel bocetados, pinturas en proceso, obras que a primera vista le parecieron extrañas, sombrías, algunas sin razón de ser, con sus ojos llenos de extrañeza escrutaba cada rincón, cada espacio, cada obra, sin embargo una de ellas le provocó inmensa tristeza, colgado en uno de los muros; una obra cuya escena en un fondo oscurecido mostraba en primer plano la vista parcial de un ataúd y al fondo entre las sombras como si hubiese sido sumergido en ellas permanecia sentado sobre un escalón un niño pequeño llorando, un niño cuya edad no rozaba los diez, la escena fue algo que le inundó de interrogantes en ese momento; ¿por que pintar un niño al que se le murió la madre? ¿por que pintar eso que es tan triste? ¿por que esta solo? muchas preguntas mas le inundaron los pensamientos, el tiempo pareció detenerse. pero la realidad volvió: se inclinó, en silencio alcanzó el bote del petróleo y abandonó la entrada del local numero catorce.

Nuevamente, escaseó el petroleo y Doña Elodia, madre de la joven Lilia le encomendó la tarea, ella acudió y su recorrido ya estaba planeado, pasar de uno en uno esos locales y ver las obras. aprendía de eso o por lo menos se distraía de las labores en casa, en un local un artista pintaba flores, otro plasmaba un retrato, o bodegones etc. eso no importó.
Ahora el local 14 tenia la cortina corrida, ya podía ver sin pedir permiso. dentro del local Desiderio, inmerso en un lienzo trabajaba, pero sin aparentar se daba cuenta que la joven había llegado y estaba viendo su trabajo. ella respetaba las normas, en silencio y sin preguntas.

Esta vez sus ojos se toparon con obras recientes pero nuevamente sombrías a su parecer, los otros pintaban cosas bonitas, cosas conocidas, pero él no hacía eso, él era extraño. otra obra reciente mostraba una piramide y sobre ella algo que la joven entendió era un sol, pero a la par había una luna ¿pero por que los dos juntos? mas interrogantes surgían y las respuestas escapaban a su entendimiento. en otra obra pudo ver un arbol en la obscuridad de cuyas ramas dramaticamente entrelazadas colgaban hombres ahorcados de vestimentas desgarradas cuyos rostros eran dificiles de distinguir. y otra obra más, en este caso le impactó que dentro de una luna pudo distinguir la imagen de un conejo como si estuviera recostado, ella no podía preguntar, pero se las arregló para despejar la duda de por qué el conejo en la Luna.


El Hombre de la armadura

En la luna existe un conejo?
Lilia preguntó a una amiga de su madre, para su sorpresa la respuesta fue afirmativa, con ello se dio cuenta de que lo que pintaba "el seminarista" no solo eran cosas extrañas o fuera del entendimiento, eran cosas que tenían un mensaje detrás, algo de lo que se podía aprender si es que deseábamos hacerlo.

Los recorridos se hacían cada vez mas seguidos, y en este caso ya no pasaba a todos los locales solo iba a unos cuantos, donde le gustaban las cosas que allí se pintaban, el local 14 lo dejaba al final para poder ver un rato mas las cosas que parecían sin sentido, siempre en la puerta del local el acostumbrado silencio y la mirada que urgaba para ver que más había; encontró otra obra más, solo que esta le pareció ofensiva, un hombre vestido con armadura sostiene en una mano una espada y a sus pies un indígena semidesnudo yace sometido, eso le pareció una crueldad.

Desde muy pequeña se había topado con actitudes de desprecio, su barrio fué invadido, muchos de sus amigos mas cercanos se fueron y el grupo al que ella pertenecía no por ser humilde carecía del instinto de auxilio a sus semejantes, ella era miembro de un numeroso grupo de niñosque entre otras tareas entre el juego y pasatiempos se preocupaban en ayudar a los mas necesitados del barrio, labores que valen oro entre los que menos poseen, ayudaban a que les faltara menos a unos y otros, las familias humildes residentes de esos lugares siempre necesitaban eso; apoyo.


Sin embargo para su sorpresa sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar al pintor que estaba sentado reclinado sobre una especie de escritorio con una piel clavada a una tabla a manera de base, realizaba un título o un diploma; -¿Niña, como te llamas?- ella no respondio, permaneció callada. -¿por que no me respondes, te pregunte por tu nombre?-
¿no se acuerda que me dijo que no hablara?- respondió Lilia.
-Sí, pero solo te pregunto tu nombre.-
-Me llamo "negra"-
-Pero ese no es nombre, dime como te llamas- añadió nuevamente el joven pintor.

Lilia pareció incomodarse por la pregunta, no acostumbraba fraternizar con las personas que habían expulsado a sus paisanos de barrio, y no deseaba decirle su nombre real así que usó el nombre con el que le llamaba su madre "negra" debido a que de sus hermanas ella tenia la tez un poco mas morenita, solo otra de sus hermanas tenia piel mas morena que ella.

“Xochitiotzin, creador y tlaxcalteca”.

(Crónica del Homenaje póstumo de cuerpo presente a la memoria de Desiderio Hernández Xochitiotzin; 15 de septiembre de 2007).
"No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad" (1 Jn 3, 18)
Por José Luis Ramírez Romero: Las solemnidades bullían. Y la historia detuvo su marcha perpetua para descansar en un minuto de silencio en nombre de Desiderio Hernández Xochitiotzin, el tlaxcalteca, el hombre, el creador, que fue llamado a hacerse en ella.
El cielo vistió sus grises velos, el aire lamía la plaza, y todo lo que había en ella era algo incompleto, por la ausencia del maestro.
Desde una morada austera hasta el sitio de su obra, se abrieron paso los restos mortales del hombre ilustre, guiados por los estandartes de la religiosidad que defendió siempre, para saborear la inmortalidad del espíritu después de la vida mundana de apariencias y sensaciones furtivas.
Al arribar a Palacio, decenas de aplausos incasables, letárgicos, estremecieron el sitio por varios minutos.
Los murales, en su inmortalidad de colores y momentos imborrables, despertaron para bramar por él, su dios, entre matices de luz y sombra auspiciados por artificiales luces.
El hijo predilecto había vuelto al regazo de su madre, la Tlaxcala histórica, de insoslayables episodios que contribuyeron a forjar la nación del águila devoradora de serpientes.
Políticos, intelectuales y artistas; amigos, curiosos y oportunistas. Todos dieron parte del tiempo que les es dado para remembrar el camino de un hombre que ofreció años de vida a encumbrar el valor y el orgullo de su raza.
De luto se vistieron algunos corazones, embargados por la pena al descubrir en esos momentos el sentido trascendente de la obra inmarcesible derramada en paredes y techos. Sólo las pinturas no mostraban congoja, al recibir en su savia la fuerza de su creador.
Posado en su féretro, el descendiente del artesano, de quien conoce el valor de las manos y el poder de su ingenio, estaba acompañado de una imagen artística de sus años mozos montada en un caballete. El sombrero de siempre y el gabán de diario perdieron el encanto de ser lucidos por su dueño, acomodados sigilosamente encima del parco ataúd como si ya fuesen entregados luego de un préstamo.
Las palabras de quienes hablaron en el homenaje forzado por las circunstancias se volcaban al pasado para traer de vuelta las memorias del ilustre, empolvadas por el olvido y alteradas por su ignorancia.
El conocimiento cultivado, la sabiduría de las vivencias, estuvieron ausentes, pues se fueron con él; de sus simulacros pretendieron empaparse los discursos de los miembros del poder, que sólo hablaban de lo que muchos creen saber.
Amar con su arte la raíz, el mestizaje, fue su contribución a lo mexicano. Era un amor a la vida, a la vida que fue, acumulada en capítulos memorables, en las cicatrices de su pueblo.
Se oyen toces, comentarios impertinentes, el ruido de los pies inquietos, de los traseros aburridos, en el patio central de Palacio. Afuera, algarabía discreta avisaba el advenimiento de la fiesta de Independencia, sin notar siquiera que, adentro, ese festejo era trámite, porque un muralista descansaba en paz, ajeno a toda fatiga y enfermedad.
Cumplido el protocolo de palabras pomposas y formalidades estrictas, el Poder Público se apostó en los flancos de un cuerpo sin vida, delante de coronas florales y a la vista de los presentes.
Pocos eran los que humedecían el pañuelo al pasarlo por los ojos, pocos más los que sus mejillas mojaban sin ser secadas. Otros llevaban el dolor de la pérdida en sus adentros; para muchos, era estar ahí para ver lo que pasaba.
Flores rosas y blancas se descubren en un mar de cabezas; su familia y sus amigos cerraban los ojos para unirse con él en alguna página de los ayeres íntimos.
Su retrato permanecía con los ojos bien abiertos, no podía parpadear, a espaldas de los miembros de las guardias montadas, a la sombra del moño negro que inspiraba misterio e incertidumbre, como testigo mudo del homenaje que llegó tarde, y que le confesó “Amor eterno” con una pieza sinfónica.
El miramiento gubernamental concluyó, despidiendo los restos mortales del artista, mirando como la historia seguía su marcha por las generaciones que fueron y serán.
La pasión por el saber histórico fue una fiebre de la que no se pudo curar el cronista tlaxcalteca. Su huella fresca ansía ser imborrable, como recompensa a los principios de honestidad y congruencia, como gratitud a la carrera prolífica que obedeció a convicciones propias.
El padre ahora vive en comunión con su obra. Descanse en paz, Don Desiderio Hernández Xochitiotzin.

Querido Maestro Desiderio

Hueyotlipan Tlax., 16 de Septiembre de 2007

PASÉ POR TU CASA ESTE VIERNES Y COMO SI FUERA UN JARDIN, EN LA CALLE HABÍA MUCHÍSIMAS CORONAS MORTUORIAS, ¡CUANTA GENTE TE ESTIMABA!

COMO LA PUERTA ESTABA ABIERTA NO PUDE EVITAR ENTRAR A SALUDARTE COMO TANTAS VECES PERO YA NO TE ALCANCÉ DESPIERTO,

YA ESTABAS DORMIDO EN UN ATAÚD, TU CARITA TENÍA LA MISMA EXPRESIÓN DE LAS VECES CUANDO LA TAREA HABÍA SIDO ÁRDUA Y TODO HABÍA RESULTADO BIEN; ERA PUES LA EXPRESIÓN DEL DEBER CUMPLIDO.


LOS MUCHACHOS TE PUSIERON LOS PINCELES EN LA BOLSA DE TU CAMISA Y SOBRE EL ATAUD TU INSEPARABLE JORONGO Y EL SOMBRERITO DE TODA LA VIDA.

ME DUELE QUE TE VAYAS, PERO ESTOS ÚLTIMOS DÍAS HABÍA SIDO MUY DOLOROSA TU EXISTENCIA, PERO POR FIN DESCANSASTE Y TE LIBERASTE DE ESTE LASTRE QUE ERA TU CUERPO YA ENVEJECIDO CON 85 AÑOS A CUESTAS; POR FÍN PODRÁS MOVERTE LIBREMENTE COMO CUANDO ERAS UN MUCHACHO, Y VOLVER A CAMINAR APRISA COMO CUANDO NI EL POLVO TE VEÍAN.


SIEMPRE HABÍA PENSADO QUE CUANDO UN AMIGO MUERE, SE MUERE UNA PARTE DE NOSOTROS, ES DECIR QUE COMENZAMOS A MORIR. TE HEMOS LLORADO, NO SÉ SI POR LA TRISTEZA DE QUE YA NO TE VEREMOS MAS, O SI LLORAMOS POR NOSOTROS, POR MIEDO A LA MUERTE, O SI LLORAMOS POR TI.


COMO QUIERA QUE SEA, TE VOY A EXTRAÑAR MUCHO.

TE AGRADECERÉ MUCHO QUE ME VISITES AUNQUE SEA EN MIS SUEÑOS.

ME ENTERÉ QUE DIOS NECESITABA UNOS MURALES ALLÁ EN EL CIELO, SEGURAMENTE LOS MUCHACHOS SE ENTERARON PRIMERO Y POR ESO TE PUSIERON LOS PINCELES EN LA BOLSA. POR ALLÁ ESTÁN MIS PAPÁS, TE PIDO DE FAVOR QUE ME LOS SALUDES. TAMBIÉN ESTÁ ALLÁ MI TIO JUAN, ¿LO RECUERDAS? EL QUE TRAJO SU VIOLÍN Y ESTUVO TOCANDO EN LA FIESTA DE TU CUMPLEAÑOS HACE COMO DIEZ AÑOS, EN FIN … ALLÁ LO RECONOCERÁS; ÉL TAMBIEN SE LLEVÓ SU VIOLÍN Y PODRÁ TOCAR MIENTRAS TU PINTAS.


POR ALLÁ NOS VEREMOS, NO SÉ CUANDO LLEGUE, PERO ESTARÉ ALLÍ PARA AYUDARTE EN TUS MURALES.


HASTA SIEMPRE MAESTRO!


ATENTAMENTE


PEDRO AVELINO ALCANTARA

El Local numero 14

La cortina se abrió y para sorpresa de la joven, el artista que trabajaba en ese local numerado con el 14, era el que le parecía singular, el apodo con el que lo había bautizado se debía a que por lo regular lo veía pasar camino a los sanitarios ubicados al otro lado del edificio su apariencia le ganó el sobrenombre; serio y callado la mayor parte del tiempo.

El estaba allí de pié, su complexión física era delgada, su vestimenta sencilla como siempre se caracterizó, el tono de su piel pálido le pareció a ella que le hacía falta disfrutar mas del sol, con su vestimenta deslucida y rostro serio le habló; - ha , eres tú - ¿que quieres?
quiero pedirle permiso para ver lo que pinta -respondió la joven Lilia-
pero si allá hay mas -señaló Desiderio, refiriéndose a los demás locales de los compañeros artistas-
-Es que vengo de allá y ya los vi a todos me falta ver que pinta aquí-
tal vez la interrupción de su labor pictórica propició esa respuesta parca, tal vez él sabia el sobrenombre que ella le había puesto, tal vez su caracter había sido siempre asi, sin embargo carente de expresion le dijo;
-Esta bien, pero con tres condiciones; No entres, no hables y no toques nada.-

las condiciones impuestas no le importaron a ella. se quedó de pie en la puerta del local observando el cúmulo de cosas que permanecían dentro, muebles, marcos de madera, un Cristo en su cruz de apariencia añeja pero notablemente conservado, efigies decorativas, piezas elaboradas en latón, rollos atados de pergamino, pliegos de papel bocetados, pinturas en proceso, obras que a primera vista le parecieron extrañas, sombrías, algunas sin razón de ser, con sus ojos llenos de extrañeza escrutaba cada rincón, cada espacio, cada obra, sin embargo una de ellas le provocó inmensa tristeza, colgado en uno de los muros; una obra cuya escena en un fondo oscurecido mostraba en primer plano la vista parcial de un ataúd y al fondo entre las sombras como si hubiese sido sumergido en ellas permanecia sentado sobre un escalón un niño pequeño llorando, un niño cuya edad no rozaba los diez, la escena fue algo que le inundó de interrogantes en ese momento; ¿por que pintar un niño al que se le murió la madre? ¿por que pintar eso que es tan triste? ¿por que esta solo? muchas preguntas mas le inundaron los pensamientos, el tiempo pareció detenerse. pero la realidad volvió: se inclinó, en silencio alcanzó el bote del petróleo y abandonó la entrada del local numero catorce.

Nuevamente, escaseó el petroleo y Doña Elodia, madre de la joven Lilia le encomendó la tarea, ella acudió y su recorrido ya estaba planeado, pasar de uno en uno esos locales y ver las obras. aprendía de eso o por lo menos se distraía de las labores en casa, en un local un artista pintaba flores, otro plasmaba un retrato, o bodegones etc. eso no importó.
Ahora el local 14 tenia la cortina corrida, ya podía ver sin pedir permiso. dentro del local Desiderio, inmerso en un lienzo trabajaba, pero sin aparentar se daba cuenta que la joven había llegado y estaba viendo su trabajo. ella respetaba las normas, en silencio y sin preguntas.

Esta vez sus ojos se toparon con obras recientes pero nuevamente sombrías a su parecer, los otros pintaban cosas bonitas, cosas conocidas, pero él no hacía eso, él era extraño. otra obra reciente mostraba una piramide y sobre ella algo que la joven entendió era un sol, pero a la par había una luna ¿pero por que los dos juntos? mas interrogantes surgían y las respuestas escapaban a su entendimiento. en otra obra pudo ver un arbol en la obscuridad de cuyas ramas dramaticamente entrelazadas colgaban hombres ahorcados de vestimentas desgarradas cuyos rostros eran dificiles de distinguir. y otra obra más, en este caso le impactó que dentro de una luna pudo distinguir la imagen de un conejo como si estuviera recostado, ella no podía preguntar, pero se las arregló para despejar la duda de por qué el conejo en la Luna.

Mi Padre

Hablar de mi padre es tarea compleja, los recientes acontecimientos aun hoy en día se juntan dentro de mis memorias. sin embargo, de toda la vida que compartimos en familia recuerdo su entusiasmo por el conocimiento y el estudio, en mi memoria tengo muchos detalles que con él pude compartir. Recuerdo la caricia característica que compartía con todos nosotros, sus hijos. Pasaba al lado mió y colocaba su mano sobre mi cabeza y con sus dedos rascaba levemente mi cabeza, a veces era algo agradable pero otras no ya que debido a sus uñas sentía una incomodidad marcada.

Con el tiempo eso dejo de importarme, en una ocasión le pregunté por que tenia sus uñas largas en especial la uña del dedo meñique, y me respondió que así le servía mas, después pude descubrir el por qué; la uña le servía para pintar ya que al colocar el pincel en la mano extendía el dedo meñique y con esa uña tocaba el muro o el lienzo, era una especie de “tiento” que le daba la medida exacta en distancia de lo que pintaría, ese detalle muy especial en él fue uno de los primeros que pude entender de niño.

Conforme fui creciendo entendía más y más cosas que hoy en día pongo en práctica. Son cosas funcionales, mi padre se sentaba frente a su caballete, una vez que se limpiaba las manos, tomaba sus carboncillos y comenzaba a elaborar trazos con el brazo extendido y a esa distancia el lienzo en blanco comenzaba a tener una forma que al desarrollarlo terminaba en un bosquejo de la obra que realizaría ya fuera al óleo o al acrílico, me llamaba la atención la enorme facilidad con la que realizaba esos trazos, su dominio estético me sorprendía. Y así fue como fui quedando enganchado al lado de él al grado de que yo sacaba una silla pequeña y me sentaba a mirar como trabajaba, eso si sin hablar ya que mis preguntas lo separaban de su concentración, me costaba mucho trabajo quedarme callado ya que al ver tantas líneas no podía encontrarle forma a muchas de las cosas que realizaba. Cuando terminaba sus trazos a veces me decía: ¿ya vez como quedó? Yo como no sabia mucho de pintura tenia que responderle con una sonrisa y asentía con la cabeza.

Considero que fui aprendiéndole muchas cosas con solo mirarlo, con solo observar el arte de trazar una obra, ya que una obra terminada lleva mucho detrás, normalmente es eso lo que todos podemos apreciar un cuadro terminado. Pero al tener el privilegio de ver el inicio transito y final de una obra eso era lo que me mantenía con los ojos bien abiertos.

Él se daba cuenta que me mantenía a la expectativa y en mas de una ocasión cambió el diseño de lo trazado a lo que realizaba, “pero si ya lo habías trazado así, ¿Por qué lo cambias?” Le reclamaba, “es que así me gusta mas” respondía con una sonrisa y continuaba inmerso en sus lienzos.

Otra cosa curiosa por denominarla de esta manera era su respiración, me fui dando cuenta por que en proceso creativo su respiración era casi imperceptible. Pero cuando algo no le agradaba comenzaba un ligero: mmmmm entonces me daba cuenta: eso no le gusto. Y de la otra manera cuando algo quedaba de acuerdo a su gusto entonces empezaba inhalación y una especie de arrullo, un “shh shh shhhh” entrecortado, seguido de una exhalación, esos indicativos fueron dándome la pauta para saber también en que momento podía preguntarle alguna cosa.

Todos nosotros atesoramos recuerdos de nuestros padres, en mi caso había muchas cosas que traté de compartir con el, sin embargo su dedicación al estudio, su vida inmerso en las obras y en sus pinturas, lo mantuvo al margen de una etapa de mi vida. Conforme fui interesándome en el dibujo comencé a compartir con él ideas, temas y hasta largas conversaciones mientras él pintaba sus obras de caballete en casa.

Mis primeros dibujos se los mostraba y me corregía los trazos o me daba ideas nuevas, a veces me decía que estaba todo mal. Mi naturaleza siempre fue tenaz y entre más me decía que mis dibujos estaban mal mas me empecinaba en hacerlos nuevamente.

Un día entendí algo sin saberlo, el dibujo que realice me gustaba mucho, y decidí mostrárselo lo vio y me dijo estas mal aquí, aquí y aquí. Naturalmente me desmotivo mucho y salí de su estudio, pero regrese mis pasos y le respondí; “si Papá, pero a mi si me gusta como me quedó” me respondió: “eso es lo que quería escuchar de ti, cuando pintes hazlo con tu convicción, siente lo que haces, tu mismo debes comprometerte con tu obra por que si tu no lo haces, los demás la criticarán. Siempre habrá alguien que le vea algo erróneo” sinceramente me quede con la boca abierta él tenía razón, él lo había hecho toda su vida, nunca lo vi preguntarle a nadie si su obra estaba bien o no, pincelada que daba era acertada, la colocaba ahí por que ahí debía estar.

Mi padre no era un hombre que te dijera; ven te daré un consejo. Casi siempre aprendíamos con el ejemplo que nos daba, muchas veces me enfrenté a él cuando tuve el privilegio de hacer el mural de Tehuacán en puebla, aprendí a pintar el fresco de manera directa sin clases con la practica, horas enteras en una sola posición pintando un fragmento y al finalizarlo le decía orgulloso; “ ya esta, terminé” entonces me mandaba a quitarlo y empezar de nuevo, una y otra vez, hasta que la obra se viera viva, hasta que reflejara carácter; “hacer un mural no es cosa fácil debe quedar bien, debe ser correcto con cada pincelada estas dejando ahí tu vida, tu capacidad si eres bueno, tu mural quedará aquí, y nadie lo quitará.

Me sentía abrumado de pasar de lunes a viernes sentado haciendo una misma obra para repetirla hasta que manifestara verdadero carácter.

Un fin de semana caminé y entre al palacio de gobierno de Tlaxcala, y nunca mas volví a ver los murales de mi padre con la sencillez ni el desenfado con el que los mira cualquier persona... en Tehuacán, pase mucho frió, mis manos se entumían al contacto con el mural, me dolían la espalda y las rodillas por el tiempo de trabajo y día tras día regresábamos a la misma obra, a pintar con pinceles diminutos dejando tras de si pequeños fragmentos que cual rompecabezas armaron una obra que al verla completa me sorprendió haber podido hacerla junto a él.

Nos llevó un año y nueve meses, la travesía de los Murales al fresco en Tehuacán, aún con mi cuerpo mas joven que el resentí la obra tan hermosamente elaborada.

Mi padre pintó los murales del palacio de gobierno su vida entera, no hubo ayudantes lo hizo él solo. Y sé que pasaba frió, algunas veces le llevaba sus guantes a los que él les había cortado los dedos, para así no perder sensibilidad al pintar. A veces llamaba pidiendo un suéter extra o se metía dentro de la espalda un papel de estraza para mantenerse caliente, pero del dolor físico, el dolor corporal nunca lo sabré por que nunca lo escuche quejarse, siempre bajaba del andamio y su semblante lo delataba, estaba cansado.

Así pues me subía al andamio y cortaba lo que me indicaba, limpiaba sus pinceles, guardaba sus colores y acomodaba todo; con un pincel y pintura roja pintaba un espacio nuevo, otro fragmento y le colocaba la palabra “AQUÍ” dejaba limpias sus cubetas mientras él se colocaba su chamarra de mezclilla su bufanda y su cotón con las iniciales D H X. de reojo lo veía alejarse a para ver lo que había pintado y con esos ojos brillantes como los de un niño, contemplaba su obra y sonreía satisfecho; las frases que le escuchaba siempre al final de la jornada eran;


“Quedó muy bien, el mural”
“Hijo acomoda todo, apaga las luces, vámonos a casa..."


Caminé con él muchas veces.
Le platiqué de muchas cosas.
Me contagió de arte el espíritu.

Y lo extrañaré toda mi vida…

CUAHUTLATOHUAC H. XOCHITIOTZIN ORTEGA